El “estado actual de cosas” que impera en nuestra sociedad mexicana, es ciertamente uno en el que prevalece la impunidad en vez de la justicia; la desigualdad en lugar de las iguales oportunidades; la violación rampante de la dignidad de la persona humana, en todo su espectro, en lugar del respeto a los derechos humanos universales; una beligerante inequidad en el sitio que suplanta a la balanza del derecho a recibir un tratamiento por igual, sin distinciones ni discriminación, sin tráfico de influencias; corrupción en vez de honestidad y cuentas claras, más aún, nos consume y denigra un vergonzante y profundo racismo que se perpetúa como un cáncer que infesta a cada órgano vital, comprometiendo la subsistencia de una vida garante de derechos, que nos permitan cumplir con un objetivo de vida dirigido hacia un futuro digno y merecedor, por el contrario, como dice Erich Fromm, nuestras decisiones como sociedad, como cultura e individuos, nos han llevado a ofrecer nuestra libertad al mejor postor.

Triste e innegablemente, la sociedad mexicana se ha ocupado de rezagar grupos indígenas, fortaleciendo su poca apertura ante lo distinto y diverso, comportándose de forma irrespetuosa, cuando bien éstos deberían de ser considerados como una fuente de riqueza nacional en arte, cosmovisión, conocimiento y un largo etcétera.

Conocer y valorar al otro cimentará un camino en aras del respeto hacia los demás, reconociéndonos con diferencias individuales, pero también como parte de un conjunto que, visto en su totalidad, representa un solo tejido en el que todos participamos porque somos humanos, exactamente iguales.

Es tiempo de combatir la “enfermedad debilitante”, de dejar de ser pacientes expectantes del derrumbe de nuestra preciada cultura, para ser agentes de cambio, de transformación, aceptando nuestra actual condición, nombrándola, señalándola, denunciándola y actuando sobre ésta para garantizar a las generaciones futuras todo lo que se nos ha arrebatado, para salir del secuestro en el que nos hemos establecido, por ello es preciso, “aquí y ahora”, actuar sin afectación de miedo, de indiferencia, de cobardía, es preciso erguirnos con dignidad para instituir como centro de nuestros actos, a la persona humana, hoy, casi por completo desfigurada en su esencia.

Por lo anterior, es para nosotros motivo de satisfacción poner a su disposición el presente plan de trabajo para el ciclo escolar 2018-2019, bajo el lema:

“SI, actuemos con valor”


Por ello convocamos y exhortamos al SI a actuar de acuerdo a lo que el momento y la consciencia dicta, con valor para alzar la voz ante la situación de decadencia que nos invade. Ocupémonos del presente sumando esfuerzos, para construir un mundo más seguro, inclusivo y pacífico.



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